El Barça gana en Mallorca con un golazo de Lewandowski (0-1)

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Lewandowski lleva de la mano al equipo de victoria en victoria, trabajada y fea la conseguida sobre el Mallorca, que estuvo a puntito de desvanecerse a dos minutos del final por la carencia de personalidad de un equipo que ni supo acorazarla con otro tanto ni supo asegurarla ocultando el balón con oficio cuando coincidieron todos y cada uno de los peloteros en el campo.

Raya Lewandowski los brutales registros goleadores de Messi. Ha restablecido la capacidad decisoria del viejo astro blaugrana, guiando a un equipo que precisa liderazgo y tantos. No faltaba la experiencia en el césped, con 5 treintañeros, sino faltaba gol. A Lewandowski le sobra, y el abastecimiento usual y desprendido del polaco impulsa al Barça.

No sería justo evitar la aportación de Ter Stegen, como primer y último representante del dispositivo defensivo: sumó en Mallorca el séptimo partido, de 9, con la portería a cero. Algo esencial para citas como la de Palma, accesorio en las tardes de goleadas. De paso, Xavi sumó el decimoctavo partido como adiestrador visitante sin perder, igualando un registro de Ernesto Valverde (2017-18).

Un mal partido brindó una enorme victoria por lo útil que es en el inicio de la fase tan intensiva de la época y por el refrendo de la confianza en el equipo al reiniciar el calendario igual como lo interrumpieron las escojas y de forma tan destructora en Sant Joan Despí con las lesiones.

La localización de Balde como lateral derecho fue el vivo retrato de la puntual dificultad del Barça anterior al partido. Jugó el zurdísimo futbolista en la banda contraria a su pierna buena, y lo que supone que es una virtud en un extremo para enfilar la portería contraria semeja que no lo sea en un defensa a pesar de que resguarda mejor la portería propia. No es lo común y faltó la fluidez que habría aportado un diestro. Le relevó un rato en el segundo tiempo Alba para calmarle de la tensión.

Hubo mayores inconvenientes que la escasa profundidad aportada por Balde, que no podía ni debía avanzar para eludir la ya de por sí alta densidad en el tercer tercio de campo. La responsabilidad correspondía a Dembélé, obediente en su localización bien abierto en la banda, mas demasiado parado para enfrentar y desbordar al lateral. Encima, se miró a Costa cuando se coló en el área, solo, y remató a quemarropa al cuerpo de Ter Stegen en una desidia que puso en riesgo la victoria.

Más activo estuvo Ansu Fati atacando a Maffeo y tratando de producir los espacios que no existían. Fruto de su insistencia nació el gol de Lewandowski que pintaba a definitivo desde el momento en que adelantaba al Barça y comprobado ya el grado de ambición del Mallorca, que lo fiaba todo al balón parado. El primer córner fue festejado con júbilo en la grada, igual que el segundo, fantásticamente ejecutado y mal terminado.

El exceso de laterales zurdos mitigó el drama de la derecha. Balde tapó el hueco y Jordi Alba recobró la titularidad en el que era su cortijo, más conminado que jamás con dos asaltantes de cuajo. La elección de Xavi invita a suponer que Marcos Alonso va a tener el privilegio de jugar en Milán. Exactamente la misma deducción brindaba a titularidad de Kessié en menoscabo de Pedri, la de Piqué en vez de Eric y la de Ansu Fati, con respecto a Raphinha para el duelo del martes, vital para el futuro europeo.

Fati ejercitó de extremo izquierdo para agregar gol al que provee Lewandowski, cuya elevada cota productiva le transforma en irremplazable. La pareja salvó un mal partido, que se complicó cuando la suficiencia blaugrana dio vida al Mallorca. Encima, a Gil Manzano le dio el rapto frecuente tras cometer un fallo y se desmandó repartiendo tarjetas.

A pesar de el beneficio, el partido demandó a Xavi que tomara resoluciones, básicamente para eludir más sustos. Siendo tan ultradefensivo, el Mallorca había disparado tanto como el Barça. Era evidente que algo no funcionaba. Datos que daban a comprender que no había alterado tanto el Barça en comparación con de enero, con aquel equipo de retales, del que solo seguían Ter Stegen, definitivo una vez más, y Piqué, recuperado para la ocasión.

Mas sí ha alterado el Barça, si bien no lo pareciese este sábado. Exhibe mayor autoridad en el campo y convencimiento en lo que hace, ejecutando movimientos estudiados e intencionados. Apenas hubo pases verticales ayer de noche frente al muy, muy alto peligro de ser detenidos y el mecanismo de juego pasaba por las conexiones por fuera. Si no había posibilidad de progresión, vuelta atrás y a comenzar por el otro lado. Tan repetido era todo que sobró mucho rato de partido.